La Corte Suprema aranceles de emergencia de Trump

La Corte Suprema de Estados Unidos asestó un duro golpe al expresidente Donald Trump el viernes al dictaminar que sus amplios aranceles promulgados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) son ilegales. La decisión unánime, que fue aprobada por 6 votos a 3, afirma que el presidente se excedió en su autoridad al imponer estos aranceles, alterando un elemento clave de la estrategia económica de Trump.

El fallo surge como respuesta a los intentos de Trump de implementar amplias medidas arancelarias, que muchos críticos describieron como impuestos a los consumidores estadounidenses. En la opinión disidente, el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, enfatizó que sólo el Congreso tiene el poder de imponer impuestos, argumentando que los aranceles funcionan como impuestos. La decisión del tribunal invalida específicamente los aranceles de emergencia, pero permite que se mantengan algunos aranceles sectoriales específicos sobre productos básicos como el acero y el aluminio.

Este fallo histórico llega durante un período de turbulencia económica marcado por cifras decepcionantes del PIB y una inflación creciente. Se espera que las implicaciones de la decisión repercutan en todos los sectores agrícolas y entre las empresas que dependen de materiales importados, muchas de las cuales han afirmado que estos aranceles eran financieramente onerosos.

Exfuncionarios y expertos legales han expresado que el fallo subraya las limitaciones del poder ejecutivo en la imposición de aranceles, un principio central de la política comercial de Trump. A medida que aumenta el escrutinio público, las ramificaciones de este juicio pueden influir en futuras negociaciones comerciales y en el panorama político previo al próximo ciclo electoral.

El fallo del tribunal torpedea los aranceles como medida de control de la economía centralizada. Esto debería suponer un mayor alivio para los consumidores. Según la Reserva Federal, el 90 por ciento de los costos arancelarios corren a cargo de los consumidores en Estados Unidos, no de las empresas exportadoras en el extranjero.

Además, el equilibrio constitucional de poder con respecto a la autoridad fiscal restringe significativamente los límites cada vez mayores de los poderes presidenciales de emergencia en los que Trump ha confiado para la implementación de políticas.