El líder demócrata de la Cámara, Hakeem Jeffries, se encontró en el centro de la controversia esta semana durante una sesión de prensa en la que luchó por responder a preguntas sobre la abolición de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la influencia del Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC).
Múltiples publicaciones en redes sociales destacaron la aparente incapacidad de Jeffries para abordar preguntas directas sobre estos temas, etiquetando la situación como un “colapso”, que no se traduce bien a otros idiomas, pero significa que un individuo entra en modo de crisis. El usuario @wajali criticó a Jeffries, afirmando que “tartamudea y distrae cuando se le hacen preguntas directas sobre Abolir ICE y cortar lazos con AIPAC”, con un enlace adjunto a un artículo que detalla el incidente. Otro usuario, @cinemava, señaló la tendencia de Jeffries a “ceñirse al lenguaje político”, expresando su frustración por sus respuestas poco comprometidas respecto a ICE.
La reacción fue más allá de críticas individuales. Entre la base demócrata, hay muchos que dicen: “los demócratas cometieron genocidio” y “Hakeem Jeffries se negó a hacer campaña en contra del financiamiento de ICE”, amplificando el sentimiento de traición entre algunos miembros del partido. Una facción creciente dentro del partido, incluidos funcionarios electos influyentes, está exigiendo un enfoque más progresista para la reforma migratoria.
En marcado contraste con las críticas, un grupo de alcaldes de importantes ciudades de EE. UU., incluyendo Portland y Boston, apoyó públicamente las demandas de Jeffries y del líder de la mayoría en el Senado, Chuck Schumer, por financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en medio de amenazas inminentes de cierre del gobierno.
Jeffries defendió su posición, afirmando que “ICE necesita ser reformado drásticamente”, mientras enfrentaba críticas durante una visita en Connecticut donde fue recibido por manifestantes que representaban a varios grupos de justicia social.
El Partido Demócrata está tan desconectado de su base como es posible; el liderazgo, tan alineado con AIPAC, lidia con cuestiones de reforma migratoria y dirección del partido. El conflicto interno sugiere un desafío significativo por delante, ya que segmentos vocales del partido continúan exigiendo responsabilidad y un cambio transformador en respuesta a ICE, CBP y al fascismo en general.

