Irán ha emitido una advertencia contundente a los mercados globales: si Estados Unidos e Israel siguen atacando su infraestructura, entonces el petróleo podría alcanzar los 200 dólares el barril. La amenaza surge cuando los ataques iraníes contra el transporte marítimo en el Golfo (incluidos ataques que incendiaron buques petroleros en aguas iraquíes) envían ondas de choque a los mercados energéticos y aumentan los temores de una crisis de suministro a gran escala.
La escalada del conflicto ya ha hecho que el crudo supere los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, y los precios se acercaron brevemente a los 120 dólares a principios de semana mientras los operadores se apresuraban a valorar el riesgo de interrupción del suministro. El petróleo subió otro 7-8% sólo en la última sesión de negociación, lo que pone de relieve la rapidez con la que la guerra está sacudiendo los mercados energéticos mundiales.
Los analistas advierten que la situación está derivando en una de las crisis petroleras más peligrosas en décadas. Si el conflicto continúa extendiéndose por el Golfo (por donde aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial fluye a través del Estrecho de Ormuz), los precios podrían subir dramáticamente. Algunos observadores dicen que la trayectoria actual está empezando a parecerse a los shocks de oferta que siguieron a la revolución iraní de 1979.
Los funcionarios iraníes han dejado claro que están dispuestos a convertir en arma la infraestructura energética de la región si continúan los ataques al país. Según informes deReutersy otros medios, las fuerzas iraníes ya han atacado petroleros, instalaciones de almacenamiento de petróleo y rutas de transporte en todo el Medio Oriente, al tiempo que advierten que los mercados globales deberían prepararse para una perturbación sostenida.
Mientras tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha insistido repetidamente en que la guerra ya está efectivamente ganada y que los precios de la energía acabarán cayendo. Los críticos dicen que esas afirmaciones son cada vez más difíciles de conciliar con la realidad a medida que los petroleros arden en el Golfo y los mercados petroleros mundiales oscilan violentamente.
Las consecuencias económicas podrían ser graves. Con el crudo ya por encima de los 100 dólares el barril, los analistas advierten que los aumentos sostenidos de los precios se traducirían rápidamente en mayores costos de la gasolina, mayores gastos de transporte y una renovada presión inflacionaria en todo el mundo. Si el petróleo alcanzara el nivel de 200 dólares con el que Irán amenaza, podría desencadenar uno de los shocks energéticos más desestabilizadores desde la década de 1970.
Por ahora, tanto los comerciantes como los gobiernos y los consumidores están observando el Golfo con creciente ansiedad, porque cada nuevo ataque de cualquiera de los lados en las rutas marítimas o en la infraestructura petrolera acerca al mundo un paso más a una crisis energética en toda regla.

