Correos electrónicos recientemente publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) revelan que funcionarios israelíes se coordinaron con el personal del delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein para establecer sistemas de vigilancia en un apartamento de Manhattan utilizado frecuentemente por el ex primer ministro israelí Ehud Barak. La correspondencia indica un vínculo operativo directo entre el gobierno israelí y la empresa de Epstein, lo que plantea más preguntas sobre las relaciones de alto perfil dentro de los sectores político y de seguridad.
Los documentos citados en los informes destacan que el gobierno israelí instaló y mantuvo equipos de seguridad y alarmas en la residencia de Epstein a partir de 2016. Estas actividades ocurrieron junto con evidencia cada vez mayor de las conexiones de Epstein con otras figuras influyentes, incluido Les Wexner, cuyos esfuerzos filantrópicos supuestamente fueron administrados por Epstein.
Han surgido afirmaciones de la red de sobrevivientes de Epstein que alegan intimidación por parte de Barak y Wexner, y algunos individuos supuestamente se esconden mientras exploran opciones legales contra asociaciones poderosas conectadas con la saga de Epstein. Según los informes, los supervivientes proporcionaron nombres que coinciden con los de Barak y Wexner en declaraciones a periodistas y en comunicaciones con el FBI.
Las asociaciones de Barak con Epstein han complicado su legado político, con varias publicaciones en las redes sociales e informes noticiosos que sugieren que había estado profundamente involucrado en operaciones que se extendían más allá del ámbito del mero conocimiento. Algunas fuentes alegan que Barak actuó como cofundador de Toka, una empresa centrada en tecnologías de vigilancia, desdibujando aún más la línea entre operaciones políticas e iniciativas del sector privado.
La vinculación de los funcionarios israelíes con las actividades altamente analizadas de Epstein plantea importantes preocupaciones con respecto a las implicaciones tanto para la política israelí como para las relaciones internacionales. Estas revelaciones contribuyen a una escalada del discurso sobre la intersección del poder, el secreto y la rendición de cuentas en las operaciones de seguridad y gobernanza de alto riesgo.

